Charles Sheehan-Miles y Andrea Randall - Nocturnos

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Crítica realizada por Malory

Savannah Marshall es una talentosa flautista, hija de aristócratas de la música, que se inscribe en el elitista Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra. Es brillante, ecléctica y apasionada, vive la música, pero no está segura de qué hacer con su futuro.

Gregory Fitzgerald es uno de los violonchelistas más reconocidos de su generación. Es miembro de la Orquesta Sinfónica de Boston y profesor en el Conservatorio, centrado en su carrera hasta el punto de excluir de su vida a amigos, familiares y, sobre todo, los romances.

Cuando los caminos de Gregory y Savannah se crucen en clase, no sólo chocarán sus creencias extremadamente diferentes sobre la música. Sus amistades, su ética y sus carreras correrán peligro cuando Gregory y Savannah toquen una sinfonía de pasión y desamor.

En el movimiento final, ambos se enfrentarán a su mayor desafío mientras la posibilidad de perder absolutamente todo lo que creían cierto penderá de un hilo.

Antes de dar mi opinión sobre esta novela, he de confesar que cuando la descargué de la sección de novelas gratuitas de Amazon, no sabía a qué género pertenecía. Leí por alto el argumento y por algún motivo (además de ser gratis) captó mi atención y me la llevé. Nada más empezar a leer ya me di cuenta que era una novela romántica y además la cosa prometía.

Esta pareja me ha tenido pegada a la tablet o al móvil durante horas, aprovechando cualquier momento para seguir leyendo, devorando las páginas ansiosa por averiguar que iba a pasar con ellos y la atracción que sentían a pesar de los continuos enfrentamientos, de sus diferencias de carácter y pensamiento. Pero tenían algo en común, su pasión por la música, una pasión que los hace vibrar y sentir más allá de ellos mismos, atrapándolos, uniéndolos a pesar de los esfuerzos que hacen por mantenerse alejados, cada cual en su lugar. Él es profesor y ella una alumna... su alumna.

No tengo ni idea de música y no sé si todo lo que nos cuentan en la novela sobre partituras, tempos, notas y demás es cierto, pero todo ello me ha sonado muy real. De una manera para nada pesada o aburrida te introducen en el mundo de los conciertos, de los conservatorios de música, de la dedicación y el esfuerzo que supone llegar a ser el mejor y todo ello trasmitiendo la pasión con que los personajes viven la música. La forma en que Gregory se entrega a la música, sacrificando todo por ella, dedicándole horas a su violonchelo, me ha conmovido de verdad.
Toda esa intensidad, esa pasión, se desborda cuando está juntos, incluso cuando tocan a duo sus instrumentos transmiten la fuerza de sus sentimientos, de su estado de ánimo, esas escenas las he disfrutado muchísimo.
Gregory me ha enamorado a pesar de ser, en apariencia, el típico músico pagado de sí mismo, insensible y distante con el resto de los mortales.
Por momentos me he desesperado y me he angustiado por las situaciones que viven, por los obstáculos que constantemente aparecen en su camino para impedirles estar juntos, cada vez que lo intentan sólo consiguen hacerse daño.
El final me ha parecido perfecto, aunque reconozco que la última parte se me estaba haciendo un poco lenta, puede ser porque estaba deseando llegar al final, porque no las tenía todas conmigo y me moría por saber si terminaba bien o no después de tantos disgustos, sufrimientos y decepciones. La espera mereció la pena.

Es una historia bien contada, fácil de leer. Quizás la edición debería estar un poquito más cuidada, pero en general me parece una buena novela.

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