Anne Brontë - La inquilina de Wildfell Hall

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Crítica realizada por Katon

En una zona rural de Inglaterra, una nueva inquilina ha alquilado la vieja mansión de Wildfell Hall. La señora Graham, su hijo de cinco años y su criada Rachel son los nuevos ocupantes. Ella reservada, viuda, a juzgar por su atuendo de luto, joven y melancólica no tarda en ser el centro de las habladurías de la vecindad, el vicario y sus dos hijas, una dulce, callada y buena a la que tachan de simple y otra que intenta conquistar al hacendado local pero que en su interior se esconde una envidia profunda hacia la nueva habitante de esa zona, la viuda Wilson, su hijo, hombre devoto y cercano a la hija del vicario, y su hija que ha puesto sus miras en el caballero del lugar, el señor Lawrence, dueño de Wildfell Hall que con su temperamento tranquilo y sosegado sería el único hombre con importancia suficiente para ser su marido.

Por último está la familia Markham, el hijo mayor, Graham, es el encargado de las tierras y de mantener a la familia. Pero pronto entrará en contacto con la viuda de Wildfell Hall y se hará amigo de su pequeño hijo, amistad que la madre aprueba con el tiempo, Arthur es dulce y dócil, será de una manera inocente el que desencadene el resurgir de los sentimientos de su madre. Aunque es pequeño ha sido consciente de lo depravado que puede llegar a ser el hombre y necesita el ejemplo de un hombre recto y con moral. Pero Graham no es tan dechado de virtudes, a lo largo del libro podemos ver como su comportamiento es demasiado pasional, aunque la culpabilidad y la razón le hagan rectificar.

Esta novela nos enseña que nadie es perfecto, todos tienen algún defecto. Pero sobre todo es una visión de lo que podían sufrir las mujeres que vivían encerradas dentro de un matrimonio autodestructivo. Helen Graham no es viuda, huye de su marido alcohólico, por ella, por su hijo. Con el corazón cubierto de hielo y sin muchas esperanzas recurre a su hermano para encontrar un sitio donde esconderse. Aunque no contaba con enamorarse de verdad por primera vez en su vida. Este libro es una evolución de cómo las opiniones y los caracteres pueden moldearse gracias a la mano adecuada, aunque también es una prueba de cómo hay personas que no tienen ningún tipo de corrección.

Graham y Helen, tras varios meses de charlas, de encuentros y desencuentros saben que se aman, pero ella le dice que su historia no tendrá ninguna posibilidad. Finalmente ella le confía su diario. Es un relato duro, de cómo las expectativas de una joven inocente y sobreprotegida descubre con crueldad la verdad de su vida, esa que ella ha elegido y de la que nunca podrá librarse. Madurar rápidamente, comprobar que la felicidad no llenará nunca su vida, que su hijo está en peligro, está narrado con intensidad que no evita que nos metamos en la historia y veamos lamentablemente una situación que hoy en día también se repite.

Pero si este libro es una descripción de esa caída, también es la de la esperanza, porque aunque los caminos se separen con paciencia y fe en ellos mismos se logrará lo imposible. Esta novela, la segunda y última de la más pequeña de las hermanas Brönte fue muy criticada en su época. La novela en sí es un alegato contra una sociedad que miraba hacia otro lado, matrimonios infelices, crueles, donde el fuerte aplastaba al débil.

Narrado en primera persona cuenta con variedad de descripciones, característica común a las hermanas Brönte, pero que facilita que nos creemos una imagen clara del lugar donde se narran los hechos. Para mí es una historia muy bonita, triste a veces, pero que merece la pena leer al menos una vez.

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