Ángel

Publicado en Lunes, 24 Junio 2013, Visitas: 24573

Autor

Lola Rey

Sinopsis

Raúl se siente hastiado de su relación con las mujeres; su última relación seria no resultó como que él esperaba y siente que ha perdido la ilusión por volver a intentarlo...hasta que un día aparece en su vida Yeliel.

Yeliel es una mujer completamente distinta a todas las que ha conocido antes pero tan perfecta que a veces no parece de este mundo. Cuando Raúl descubra la verdad sobre ella ya será demasiado tarde pues su corazón está definitivamente comprometido.

* Portada realizada por Noabel

© Lola Rey. Novela inscrita en el Registro de la propiedad intelectual de Granada. Todos los derechos reservados.

 

Ángel

Lola Rey


"¡¡¡¡¡Pipipipiiii!!!! ¡¡¡¡¡Pipipipiiiiii!!!"
El sonido estridente y repetitivo de su despertador digital hizo que Raúl abriera los ojos y buscara a tientas el infernal aparato para silenciarlo de un golpe seco.
Dio un gran suspiro y apartó a un lado la fina sábana que se había echado durante la noche; la primavera aún no había irrumpido en todo su esplendor y las noches aún eran bastante frescas. Se sentía aturdido, extrañamente embotado y cansado, desde luego las salidas nocturnas ya empezaban a pasarle factura, no obstante dos meses atrás había cumplido los treinta y cuatro, no era ya el adolescente alocado que podía empalmar una noche tras otra de juerga con los amigos. Pero hacía mucho tiempo que no salía y tanto Fede como Juan habían sido muy persuasivos, en realidad se había animado con la esperanza de encontrar algo distinto, de volver a ilusionarse, pero todo había sido más de lo mismo: mucho ruido, mucho humo, mucha bebida y muchas mujeres bien dispuestas, "demasiado bien dispuestas", pensó con hastío, al recordar a la rubia tetona que se había restregado contra él mientras bailaba.
No es que no le gustaran las mujeres, no por Dios, Raúl Muñoz había tenido mujeres a puñados y las había disfrutado como el que más, pero luego había llegado Paula y él había apostado todas sus cartas en esa relación.
Mientras se levantaba de la cama y se dirigía al cuarto de baño a darse una ducha que lo despejara recordó la sesión de fotos en la que había conocido a la que durante casi un año había sido su pareja. El cuerpo de bomberos casi al completo iba a posar para un calendario benéfico, Paula era la fotógrafo. Desde el primer momento hubo cierta química entre ellos, Raúl se sintió atraído por su cuerpo exuberante y su sonrisa fácil. Luego ella le había pedido que posara sólo con los pantalones abiertos y la manguera entre sus piernas y, a pesar de la vergüenza que sintió, había obedecido al pie de la letra sus instrucciones con la promesa de que luego aceptaría salir a cenar con él.
Así había empezado todo entre ellos. Paula había parecido la mujer perfecta para él, no era frívola, ni tonta e incluso parecía compartir su amor por la naturaleza y aceptó acompañarlo en su caravana en un recorrido por los bosques mediterráneos que abundaban en su tierra. Pero esa armonía había durado bien poco, pronto ella empezó a exigir más tiempo, más salidas nocturnas, más viajes exóticos, y con las exigencias llegaron los malos modos y los reproches.
Raúl había puesto punto y final a la relación con la sensación de que no había ninguna mujer en el mundo adecuada para él.
Tras salir de la ducha se observó atentamente en el espejo tratando de decidir si debía afeitarse o no...., le daba pereza y no sentía deseos de acicalarse ya que no había nadie a quien quisiera impresionar. Por unos instantes contempló su cara delgada, sus pómulos marcados, sus labios firmes y bien dibujados y las espesas pestañas que rodeaban sus ojos marrones. En el cabello negro apenas se veían unas pocas canas salpicadas aquí y allá. Sabía que era atractivo, la atención de las mujeres lo hacía lo suficientemente evidente, aún así habían pasado ya demasiados años desde que su físico era el eje alrededor del cual giraba su vida. Ahora a veces se sorprendía deseando ser un poco más normal, un tipo anodino que conociese a una mujer sincera y natural, que amase las mismas cosas que a él y que lo amase a él más que a ninguna cosa...él estaba en disposición de ofrecer lo mismo ¿era, entonces, mucho pedir?
Comenzó a vestirse asqueado por sus propios pensamientos victimistas y trató de darse ánimos diciéndose a si mismo que sólo estaba atravesando una mala época, una crisis de desencanto. Miró el reloj, faltaban sólo treinta y cinco minutos para la hora en la que debía estar en el Parque de Bomberos, le esperaba otro día más entrenando y charlando con los compañeros, y así debía ser, pues algo que alterase esa rutina supondría probablemente una desgracia para alguien.

Yeliel observaba atentamente a su pupilo. Por supuesto él no podía verla, ni siquiera podía sentir su presencia si acaso como una intuición, pero lo cierto es que Raúl nunca estaba solo, ningún humano lo estaba en realidad. Eran la obra más querida de Él pero también la más frágil, por eso había encomendado a las almas puras, los ángeles, como los propios humanos los llamaban, que los protegiesen. No siempre podían librarlos de los múltiples peligros que los acosaban, pero ellos nunca sabrían la de veces que una mirada antes de cruzar, una extraña intuición antes de comenzar un viaje, una llamada inesperada o cualquier otro signo atribuido a la casualidad o a la buena suerte era obra de los ángeles. Raúl era un ser humano especialmente problemático, sus aficiones lo llevaban lo mismo a hacer escalada libre que trekking o montañismo de altura, eso sin contar su profesión, claro. Pero Yeliel no se quejaba pues se encontraba irremediablemente fascinada por él.
Nunca ningún ser ni humano, ni puro, había despertado en ella tanta curiosidad como ese hombre que ahora parecía atormentado por una soledad que creía inevitable y un desencanto hacia las mujeres que lo llevaba a desdeñarlas con demasiada frecuencia. Yeliel no podía tocarlo, tampoco poseía sentido del olfato ni del gusto, pero se encontraba demasiado a menudo pensando en qué sentiría si pudiese acariciar la piel musculosa y tensa de su espalda o si pudiese acurrucarse contra su cuello, como había visto hacer a algunas mujeres. Pero ella no era una mujer, era un espíritu puro, un ángel, y su curiosidad y fascinación estaban completamente fuera de lugar.
Ligeramente asustada por estas extrañas emociones que la asaltaban había acudido a preguntarle a Rochel, su mejor amigo, con el que más afinidad tenía.
- Yeliel –le había dicho con el cariño pintado en su voz – sabes que tu deber es velar por él, si dejas que esa atracción te domine tarde o temprano tendrás un descuido y entonces deberás pasar mucho tiempo recapacitando, lejos del contacto con los humanos.
- Sé que tienes razón, Rochel, pero él es.....embriagador y a veces el deseo de sentirlo es más poderoso que mi voluntad.
Rochel se había limitado a mover la cabeza con comprensión; había intuido con claridad lo que ella acabaría haciendo.
Algunos ángeles se habían visto irremediablemente atraídos por el mundo de los humanos y habían transformado su energía para adquirir un cuerpo como el de ellos. Ningún cambio había durado demasiado tiempo, bien por propia voluntad o bien por.....no quería pensar en ello y se propuso vigilar estrechamente a Yeliel aunque nada podría hacer si ella decidía probar lo que tanto ansiaba.

Esa noche Raúl se recostó en el sofá dispuesto a ver un rato la tele, empezó a hacer zapping pues nada de lo que veía llamaba su atención, hasta que la escena de dos amantes besándose apasionadamente capturó su interés; hacía ya algún tiempo que no estaba con una mujer pero lo preocupante del asunto era que cuando tenía la oportunidad era él el que siempre se echaba atrás. Fede y Juan aprovechaban este hecho para burlarse diciéndole que tal vez Paula había hecho algún tipo de brujería para que no se le pusiera tiesa, pero el problema no era que su miembro no reaccionara, era él el que invariablemente acababa echándose atrás. No le apetecía un revolcón con una mujer a la que no podía siquiera respetar, no, su cuerpo, su alma le pedían algo más.
Envidioso de la felicidad que transmitía la pareja de la tele apretó el botón de apagado y, descalzo, se dirigió hacia el pequeño balcón corredero que dominaba el salón de su piso. Al asomarse buscó las constelaciones que tanto disfrutaba mirando cuando dormía al aire libre pero no pudo encontrarlas debido a la luz que despedía la ciudad.
- ¡Maldición Raúl! ¡Como sigas así vas a acabar convirtiéndote en un amargado!
Regañándose a si mismo volvió a entrar, pero justo en ese instante una levísima brisa movió su pelo y acarició su mejilla, se fijó en la hilera de árboles que, cual centinelas mudos, flanqueaban la acera. Sus hojas permanecían quietas, nada los había alterado, al igual que la cortina....frotándose los ojos se dispuso a ir a dormir. La solución era dejar de pensar en las mujeres, ¿que no encontraba ninguna? Bueno, tenía amigos y muchas aficiones para ocupar su tiempo y cuando su cuerpo se cansara de la abstinencia buscaría una mujer guapa y dispuesta y no pensaría más allá de echar un polvo y relajarse.

Yeliel había concentrado toda su energía en el rostro de Raúl, había percibido su tristeza y había tratado con todas sus fuerzas de darle ánimos. No creyó que él pudiera sentirla pero al parecer había sido capaz de percibir algo pues se había tocado extrañado la mejilla y había vuelto al balcón a escrutar la calle.

Las siguientes semanas Raúl hizo de su propósito un credo, cada fin de semana elegía un lugar para hacer senderismo o acampada y por fin había logrado romper su larga abstinencia con una joven veinteañera que no había parado de lanzarle miradas provocativas desde que se habían visto en el pub al que había ido con sus amigos.
Poco a poco empezó a salir de su desidia y a ser el mismo Raúl de siempre, se dijo a si mismo que sin duda había atravesado por un tardío periodo de tristeza por el fin de su relación con Paula.
Esa tarde, después del fin de su jornada laboral, se dirigía con pasos rápidos y distraídos hacia su piso pensando en la salida que habían planeado para más tarde y en la que esperaba volver a encontrar plan para pasar la noche cuando sin darse cuenta tropezó con una joven.
- Disculpa....
Ella se limitó a mirarlo y Raúl tuvo que parpadear varias veces para asimilar lo que veía. Ante él se hallaba una joven de veintipocos años, alta y delgada, su cuerpo se veía bien torneado pero sin los excesos que parecían estar tan de moda. Su pelo era negrísimo y lo llevaba suelto y lacio y los ojos eran de un verde tan brillante que Raúl se preguntó fugazmente si no llevaría unas lentillas de esas de color. Era hermosísima, y era curioso que lo pensara así porque era la primera vez que ese adjetivo le venía a la cabeza al pensar en una mujer, buenorra, maciza, guapa o atractiva eran los que usaba habitualmente. Pero lo que realmente lo desconcertó, lo que consiguió aturdirlo no fue tanto su hermosura como la manera directa y abierta con la que lo miró a los ojos, como si lo conociera de toda la vida, y por un extraño momento Raúl sintió que así era. Antes de poder recuperarse de la impresión ella sonrió y siguió su camino, cuando él trató de encontrarla entre la gente ya no pudo localizarla.
Esa noche, en contra de todos sus planes, la pasó solo. No había tenido ánimos de flirtear ni coquetear, su mente estaba completamente absorta en la mujer con la que se había cruzado. Se reprochaba amargamente no haber entablado conversación con la joven, aunque seguro que ella había creído que él era retrasado o algo así, pues estaba convencido de que se había quedado con la boca abierta. Las posibilidades de volver a encontrársela eran mínimas así que hizo un esfuerzo por olvidarla y tratar de dormirse.
Lo último que recordó antes de cerrar los ojos era el brillo de dos ojos verdes que lo miraban como si quisieran atravesar su alma.

Tres días después de este encuentro Raúl pensó que se estaba volviendo loco. Había vuelto a ver a la misteriosa mujer un par de veces aunque siempre de pasada, levemente, como si fuese una especie de extraño deja vú y ella invariablemente sostenía su mirada durante unos segundos antes de desaparecer entre el gentío.....¿cómo era posible? ¿acaso lo estaba siguiendo? Mientras bajaba las escaleras iba pensando en la extraña mujer y reparó con sorpresa en que llevaba tres días con sus tres noches ocupando su mente. Al salir, la claridad lo deslumbró brevemente y esta vez cuando chocó contra alguien supo, aún sin verla, que se trataba de ella. Antes de que pudiese desaparecer de nuevo la agarró por los hombros suavemente y la miró sin poder creer su buena suerte.
- ¡Perdona! – de nuevo ella se limitaba a mirarlo con sus extraños ojos verdes clavados en él.
- No pasa nada.
El sonido de su voz hizo que Raúl se estremeciera, era una voz dulce, musical.....angelical. Debía conocer a esa mujer, no iba a permitirle escapar más así que apartándola ligeramente de la concurrida acera y sin dejar de sujetar sus hombros le dijo:
- Tengo que volver a verte ¿estarás aquí esta tarde?
Ella se limitó a sonreír de nuevo algo aturdida por su impaciencia y Raúl tuvo que tragar con fuerza, embelesado por la visión de ese hermoso rostro.
- Si así lo deseas....
¡¡Desearlo!!! Raúl tenía la sensación de que esa mujer lo había hechizado, tenía que conocerla, mirarla, hablar con ella y oír su voz, tal vez así se daría cuenta de que era una mujer normal y corriente, como todas, y podría sacudirse esa obsesión tan inmensa que parecía haberse apoderado de él desde la primera vez que chocaron.

Yeriel pasó las horas que quedaban hasta el encuentro que apresuradamente él había concertado en el parque cercano a su piso disfrutando de su recién adquirido estado. Todo le fascinaba: los olores que la rodeaban, aunque no todos eran agradables, las distintas texturas, un perro de suave pelaje, la mejilla tersa y sonrosada de un bebé, la rugosidad de los troncos......, pero sobre todo permanecía en ella el recuerdo indeleble de las manos de Raúl sujetándola y su olor, una mezcla del frescor de su gel y el aroma cítrico del agua de colonia que usaba junto con otro olor más indefinible, más profundo, más...excitante. Se sentía contenta, él había querido conocerla y, a pesar de las advertencias de Rochel, ella permanecería a su lado hasta que su curiosidad quedara saciada.

Ese día Raúl tuvo que soportar las pesadas bromas de Fede y Juan ya que por su expresión ambos adivinaron que se traía algo entre manos y cuando él les confirmó que tenía una cita con una chica las chanzas de sus compañeros fueron memorables. No era el hecho de la cita en si lo que provocaba su hilaridad si no la evidente ansiedad de Raúl que había mirado el reloj por lo menos doscientas veces. Cuando por fin terminó la jornada laboral Raúl se obligó a tranquilizarse diciéndose a si mismo que sólo era una mujer más, seguramente al conocerla se daría cuenta de ello porque era evidente que la tenía en un pedestal, tal vez incluso ni siquiera acudiera. Este pensamiento hizo que frunciera el ceño y apresurara el paso.
Ella estaba allí.

- Hola – por primera vez en su vida se sentía inseguro frente a una mujer. Su forma de mirarlo tan directamente lo embelesaba por completo -. Gracias por venir, tenía...mucha curiosidad por conocerte.
- A mi me pasa lo mismo.
La ausencia de artificios lo sorprendió gratamente y consiguió que se relajara.
- Bueno, podíamos empezar por presentarnos. Me llamo Raúl.
- Yo soy Yeliel.
- ¿Yeliel? ¿Es un nombre extranjero?
Ella sonrió y él volvió a sentir como el suelo se tambaleaba bajo sus pies.
- Podría decirse que sí.
- ¿Te apetecería tomar un café?
- Lo que tú quieras – de nuevo esa sonrisa que lo desarmaba.

Esa noche tumbado en su cama daba vueltas a todo lo que había sucedido durante la tarde. En contra de todo lo que le dictaba su experiencia y el sentido común había llegado a la conclusión de que Yeliel era distinta a todas las demás mujeres que había conocido. Aún recordaba su expresión de deleite al oler el aroma del capuchino que había pedido, la manera en que lo saboreaba, era como si nunca antes hubiese disfrutado de un placer tan sencillo. A él le había costado mucho trabajo concentrarse en la conversación aunque ahora que volvía a recordar esos momentos reparó en que ella apenas había hablado, se había limitado a escucharle con una atención y una fascinación tan sinceras que él no había podido evitar sentirse absurdamente halagado. Habían vuelto a citarse, él necesitaba volver a verla, volver a perderse en la magia de su sonrisa, en la claridad de sus ojos expresivos y sinceros, de repente estar con Yeliel parecía la cosa más importante de su vida.
- No seas absurdo Raúl, tómatelo con calma.
Pero el latido fuerte y acelerado de su corazón al pensar en ella le hizo ver que ya era demasiado tarde.

Una semana después él ya no podía ocultar el hecho de que estaba absolutamente loco por ella. Su primera impresión había sido correcta, Yeliel era tan sincera y natural como le había parecido, hacer cualquier actividad junto a ella, por común o prosaica que fuese era toda una experiencia pues ella disfrutaba con un candor más propio de una niña pequeña, ya fuese en el cine, paseando o simplemente sentados en un bar y charlando; si no fuese porque ya había tenido pruebas más que suficientes de su inteligencia podría pensar que era un poco simple, pero no, era absurdo darle más vueltas. La única explicación posible es que ella era maravillosa, una mujer única entre millones y él había tenido la inmensa suerte de encontrarla, y por su vida que iba a hacer todo lo posible por no dejarla escapar.

Dos semanas más tarde todo su entusiasmo se había convertido en ansiedad, una ansiedad tan fuerte y desgarradora que le impedía dormir, comer, casi respirar.....estaba total y absolutamente obsesionado con Yeliel, la deseaba tanto que el más inocente de los roces bastaba para hacer que su corazón se acelerara y la sangre le rugiera en las venas exigiéndole tomar a esa mujer...pero no se atrevía, había algo en ella, una cualidad intangible, etérea que hacía que la percibiese como a alguien intocable. Reflexionando sobre ello se dijo que era su inocencia lo que lo tenía paralizado, a pesar de su inmensa belleza ella no utilizaba su físico para coquetear con él ni siquiera parecía advertir las miradas admirativas de los demás hombres, aunque él si lo hacía y más de una vez tuvo que reprimir sus ansias de partirle la nariz de un puñetazo a los especialmente insistentes.
Pero era consciente de que no podría aguantar esa situación mucho más tiempo así que al día siguiente aprovechando que irían a pasar el día a un impresionante acantilado que él conocía pondría sus cartas sobre la mesa, si Yeliel sólo pretendía su amistad no tendría más remedio que dejar de verla pues el ansia que sentía hacia ella era demasiado fuerte como para conformarse con otra cosa que no fuera su entrega, total e incondicional.

Raúl contemplaba el perfil suave y perfecto de Yeriel. Se hallaban ambos sentados sobre la enorme piedra que coronaba el impresionante acantilado que caía abruptamente hasta donde el mar golpeaba las rocas. Raúl admiraba en silencio la expresión fascinada de Yeriel, hasta que tuvo que cerrar los ojos para contener el anhelo de lanzarse sobre ella como un salvaje. Cuando los abrió vio que ella lo miraba con una leve expresión de extrañeza en su mirada pero enseguida volvió a deleitarse en la contemplación de la naturaleza hermosa y salvaje que los rodeaba. Observando su fascinación Raúl no pudo evitar comentar:
- Da la impresión de que nunca has visto un lugar así.....
- He visto muchos lugares, iguales que este y más hermosos. Es la brisa que nos acaricia lo que me maravilla y el olor que sube del mar....
Aprovechando que ella lo miraba a la vez que decía esto Raúl se cernió sobre su boca apoyando suavemente su mano en la nuca.
Yeliel notó como su corazón saltaba dentro del pecho, durante todos esos días había soñado con que Raúl la tocaba y la acariciaba como había visto que hacía tantísimas veces a otras mujeres, pero él nunca había realizado el más mínimo intento de acercarse a ella hasta ese momento. Y de repente su mente dejó de enhebrar pensamientos coherentes pues la caricia de los labios de Raúl sobre los suyos nubló su entendimiento a la vez que un fuego desconocido le corría por las venas.
Raúl se separó un poco de ella, jadeante, más excitado de lo que recordaba haber estado jamás, sin saber qué decir miró sus grandes ojos verdes, la sorpresa y el placer eran totalmente evidentes en ellos.
- Yeliel....., necesito tenerte. Dime que tú también lo deseas.
Y Yeliel, aún sin saber exactamente qué le estaba pidiendo él pero consciente de que nada ansiaba más que ser uno con ese hombre contestó:
- Sí.
Raúl volvió a besarla, esta vez con más pasión, arrebatado por el deseo y el anhelo de unirse a Yeliel, de poseerla, de sentirla suya.
Bajaron al resguardo de la roca donde momentos antes habían estado sentados y allí él la instó a tumbarse sobre la hierba. A la vez que comenzaba a besar cada rincón de su rostro, sus párpados, sus orejas, el cuello...., la dulzura del momento fue incluso demasiado para un ángel y Yeliel sintió como su alma, ansiosa por las caricias de Raúl, se estremecía de dicha. Luego él comenzó a acariciar su cuerpo, primero con suavidad, luego con un ardor tan poderoso que ella se sintió un poco turbada aunque pronto sus profundos besos y las manos que acariciaban sus senos hicieron que olvidara todos sus temores, concentrada solo en el placer que él le daba.
Raúl la fue desnudando poco a poco, conteniendo el hambre por poseer su cuerpo que lo invadía, y la perfección de sus formas y la suavidad de su piel hicieron que contuviera el aliento bruscamente.
- ¡Dios mío! ¡Eres perfecta!
Por primera vez en su vida no pensó en el placer que una mujer le podía dar, tan solo deseaba adorar a esa diosa que había tenido a bien fijarse en él. Totalmente enloquecido de pasión comenzó a besar cada centímetro de piel que descubría y pronto el cuerpo de Yeliel se arqueaba presa del placer. Raúl supo que no podría aguantar mucho más, así que bajando sus pantalones lo suficiente para liberar su miembro se colocó sobre ella y se dispuso a penetrarla de un firme empujón.
El grito ahogado de Yeliel hizo que la sangre se congelara en sus venas sin poder creer lo que eso significaba.
- ¡Lo siento cariño! –angustiado daba suaves besos por su cara y sus hombros a la vez que luchaba por no moverse a fin de darle tiempo a ella a que se acostumbrara a su cuerpo.
Tras unos breves minutos fue ella la que tímidamente comenzó a moverse arqueando ligeramente las caderas y entonces Raúl no pudo aguantar más y comenzó a embestir con suavidad primero, con toda la fuerza de la pasión que lo devoraba después. Ella lo seguía, gimiendo con los ojos cerrados, absolutamente perdida en las sensaciones maravillosas que experimentaba y, por primera vez en sus muchísimos años de existencia, experimentó lo que eran los celos y la posesión al comprender que no soportaría nunca más que él hiciese lo mismo con otra mujer.
Una explosión de placer la sorprendió en ese momento haciendo que se agarrase con fuerza a los hombros de Raúl a la vez que gritaba su nombre. Él, sin poder contenerse más la siguió en su goce mientras trataba de asumir la increíble idea de que él había sido el primero.
Cuando sus latidos volvieron a adoptar un ritmo normal Raúl, dándole un cariñoso beso en la sien, se incorporó y entonces vio las lágrimas silenciosas que corrían por su mejilla.
- ¿Te he hecho mucho daño?
- No – ella trató de esconder su rostro, pero él agarrando suavemente sus muñecas se lo impidió.
- ¿Qué te sucede entonces? Dímelo.
- No es nada...es sólo que me he emocionado – pero no se trataba tan solo de eso. Ella no podía decirle que lloraba porque acababa de decidir su destino, nunca volvería a ser un alma pura, un ángel; no podría renunciar a vivir junto a Raúl como una mujer vive junto al hombre que ama.
Tratando de no preocuparlo le dedicó una trémula sonrisa.
- Yeliel......¿cómo es que nunca antes te has acostado con un hombre?
Y Yeliel respondió la verdad:
- Jamás lo había deseado hasta ahora.
Y el orgullo que él sintió, el ansia terrible de poseerla, de cuidarla, de tenerla siempre a su lado le hicieron comprender con sorpresa que por primera vez en su vida se había enamorado.

Varios días después Fede y Juan ya no se reían. Por primera vez desde que lo conocían Raúl no estaba disponible para ellos, incluso había pedido un adelanto de sus vacaciones para disfrutar de Yeliel según sus propias palabras "cada segundo del día".
- Está claro tío – le decía Juan a Fede – se nos ha enamorado.
- Hasta las trancas.

Raúl descubrió que el amor duele. A pesar de que ella igualaba su pasión y continuaba a su lado con la misma entrega de siempre él empezó a sentir que no era suficiente. Cada vez más a menudo se sorprendía a si mismo pensando en todo lo que ella no le había dicho, ¿qué sabía en realidad de Yeliel? Sólo su nombre y que la amaba con toda la fuerza de su ser, y eso debía bastar, pero no era suficiente pues lo que no conocía de ella le provocaba un extraño temor, un miedo infundado que le impedía preguntar por temor a las respuestas.
En cambio Yeliel lo sabía todo de él pues lo que no le había contado ella lo intuía, a veces sentía aprensión por la forma en la que ella era capaz de leer su alma, completaba sus frases e incluso sus pensamientos.....era su otra mitad, de eso estaba seguro, pero ¿por qué ella evitaba hablar sobre si misma? La inquietud lo devoraba y se encontró pensando en la forma de atarla a él para siempre, temeroso de repente de perderla. Se casaría con ella.
- Raúl, ¡quién te ha visto y quién te ve! – no pudo evitar reírse de si mismo, él que sostenía que el matrimonio era un simple trámite burocrático, un "destroza- parejas", lo llamaba convencido.
Pues bien, ahora quería casarse con Yeliel, y no sólo eso, sino que además lamentaba que el ser humano no hubiese inventado otros lazos para atarse los unos a los otros pues sin duda él los acogería gustoso si con ello aseguraba a Yeliel a su lado toda la vida.
Esa noche después de hacer el amor él se levantó, se puso el pantalón del pijama y la contempló; Yeliel permanecía desnuda y sonriente, con esa mirada satisfecha y femenina que lo enardecía como nada. Mesándose el cabello decidió que ya era hora de enfrentar sus temores; no podía dárselo todo mientras las dudas corroían su alma.
Venciendo el miedo comenzó a hablar:
- Yeliel, me has contado muy pocas cosas sobre ti....
- ¿Qué quieres saber? – había llegado el momento. Ella no sabía mentir, incluso dudaba que pudiese intentarlo siquiera y el temor porque él la rechazara cuando supiese la verdad hizo presa de su corazón.
Desde que decidiese concentrar su energía en una forma humana había experimentado más dicha y sufrimiento del que jamás antes había conocido. Dicha por poder tocar, oler, reír con Raúl, por sentirse amada por él; dolor por los celos ardientes que sentía cuando otras mujeres lo miraban, sabiendo ahora lo que imaginaban y deseaban, dolor por el temor inmenso al rechazo cuando él supiese quién era y de donde venía.
- No sé...de dónde eres, de qué vives, quienes son tus padres, si tienes hermanos....esa clase de cosas.
- Raúl....yo...no soy como tú.
Él, a pesar del nerviosismo cada vez más intenso que sentía recorrió su cuerpo desnudo con una mirada lujuriosa y contestó:
- Eso ya lo había notado...
Yeliel, consciente de que ya había llegado el momento no le siguió la broma. Junto a ella estaba Rochel, suplicándole que no se descubriera, que lo pensara bien.
- No, debo hacerlo. Ya no hay vuelta atrás.
- ¿De qué hablas Yeliel? – preguntó Raúl extrañado. Notaba el leve temblor de su voz y se maldijo por eso. Ella iba a romper con él, a decirle algo horrible, lo intuía, y él comenzó a prepararse para el momento, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad para evitar la indignidad de ponerse a llorar y a suplicar cuando ella lo dejara.
Apretó los labios, endureció la mirada y su voz sonó cortante al hablar.
- Di ya lo que tengas que decir y acabemos con esto.
Ella tomó aire con fuerza, buscó su mirada y poniendo en sus ojos todo el amor que su alma infinita guardaba para él dijo:
- Yo no soy humana.
Él se limitó a mirarla. Evidentemente no había entendido bien.
- Soy un ángel.
"¡¡Ahí está el fallo!! ¡Está completamente loca!"
Ahora comprendía por qué era virgen, por qué estaba sola; pero a pesar de saber que estaba trastornada no sintió repulsión sino una inmensa ternura y bastante lástima de si mismo, pues aún así la quería para él. Buscarían un buen psiquiatra, él la ayudaría y la apoyaría...mejor que creyese que era un ángel a imaginarse que era un vampiro o algo así.
Ella adivinando lo que él pensaba sonrió dulcemente.
- Raúl, puedo demostrártelo.
- Cariño, no es necesario....yo...te quiero. Estaré a tu lado siempre, iremos a un especialista y.....¿qué haces? – horrorizado observó como ella se dirigía al balcón y....- ¡¡¡Yeliel!! ¡¡NOOOOO!!!
Raúl se asomó al balcón por donde ella acababa de arrojarse..."¡Dios mío! ¡Que no haya muerto! ¡No puedo vivir sin ella!"
- Raúl, no puedo morir.
Creyendo que soñaba Raúl se dio la vuelta y allí estaba ella, sin un rasguño. Aturdido y sobrepasado por los acontecimientos se sentó en el filo de la cama y escondió su cabeza entre las manos. Entre brumas escuchó la explicación de Yeliel:
- Las almas puras o ángeles tenemos la misión de velar por los humanos. Yo estaba contigo, te veía día a día e imaginaba lo que era notar tu piel, sentir tu olor, hablar contigo.....deseé conocerte y concentré mi energía para materializarme.....tengo un cuerpo humano pero sigo sintiendo como un ángel, la transformación sólo afecta a lo material..... – "por ahora", se dijo a si misma.
Cuando él levantó la cabeza la furia de su mirada hizo que Yeliel jadeará sorprendida. Raúl se puso en pie y se encaminó hacia ella, la cogió de los hombros y masculló:
- Muy bien angelito....¿contenta con el experimento? ¿te has divertido bastante?
- Raúl....
- ¡Ahora puedes volver a donde coño quiera que vivas! - la interrumpió él mientras la zarandeaba - ¡a cantar cancioncitas mientras tocas una lira o como mierda se llame! ¡Eso sí, ni se te ocurra merodear por aquí visible o invisiblemente! ¡¡No quiero que vuelvas a mi lado!!
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Yeliel. Había sucedido. Él se sentía horrorizado, sin duda la veía como un ser monstruoso pues era típico de los humanos temer y aborrecer lo que no conocían.
- ¿Por qué lloras? Ya has conseguido lo que querías ¿no? Pues ahórranos el espectáculo y vete de una puta vez.
"¡Por favor vete ya! ¡Vete ahora! –suplicaba Raúl en silencio -. No quiero que me veas llorar, ¡¡Vete!!"
- ¡¡VETE!!
- ¡¡Raúl!! ¡¡Pensé que me amabas!! ¡¡Tú me lo has dicho!!
- ¿Y qué si te amo? ¿De qué me sirve amarte? ¿Hasta cuando tienes permiso para ....para estar aquí? ¿Hasta la próxima luna?
Una amarga carcajada se mezcló con un sollozo que no pudo reprimir.
- Tú ya tienes lo que querías, ya has jugado un ratito con el humano...ya puedes irte.
- Pero yo no me quiero ir, quiero quedarme a tu lado...si tú me aceptas.
Raúl levantó sus ojos brillantes de lágrimas y la miró con fiereza:
- ¿Qué quieres decir? ¿qué significa eso? ¿Puedes quedarte conmigo? ¿Siendo...una mujer?
- Sí.

Ella se había ido.
Le había explicado antes de marcharse que otras almas puras antes habían decidido transformar su energía para convertirse en humanos por simple curiosidad y, al cabo del tiempo, habían querido quedarse permanentemente como humanos. Ya no volvían a tener contacto con ellos pero Yeliel le había dicho que a pesar de ignorar cómo se producía el proceso conocía lo suficiente como para saber que era relativamente sencillo, nunca había habido grandes algarabías al respecto.
A pesar de que se resistía a hacer la pregunta su sentido del deber, del honor y su inmenso amor por ella lo obligaron a decirlo:
- Yeliel....¿estás segura?
- Sí Raúl, mi sitio está donde estés tú. Ya no sabría ser feliz de otro modo.
La respuesta de ella había conmovido su alma pero el miedo, persistente, oscuro y tenaz, se negaba a abandonarlo pues temía no volver a verla, incluso se le ocurrió la espeluznante posibilidad de que todo hubiese sido un sueño, el más bonito que tendría jamás, pero un sueño al fin y al cabo. Yeliel, conociendo su ansiedad había tratado de tranquilizarlo, asegurándole que regresaría a él.
- Prométemelo Yeliel, prométeme que volverás.
- Te lo prometo Raúl.
- Pero ¿cuándo? – volvía a insistir él.
- No lo sé mi amor, pronto.....
- ¿Dos días? ¿Una semana?
- El tiempo no se cuenta igual de donde yo vengo – trató de pensar lo que podría tardar en exponer su decisión; estaba segura de que enseguida regresaría pero por no preocupar a Raúl le dio una fecha que consideró exagerada: - Dos semanas....tres tal vez. No más.
Raúl le había hecho el amor antes de que se marchara con un ansia y una desesperación tales que logró contagiarle su propio miedo, y mientras se perdía en el goce que siempre encontraba entre sus brazos no pudo evitar enfrentar brevemente la posibilidad de que algo saliera mal y ese fuese el último momento que pasaba con él. El golpe sordo que sintió en el lugar donde latía su corazón le hizo comprender que no soportaría vivir sin Raúl

Conforme se acercaba el final de la segunda semana Raúl sentía como su inquietud aumentaba. Esos días que había pasado sin ella habían sido los peores de su vida, se sentía como el sediento que tras atravesar un largo desierto ve un fresco manantial y justo cuando se dispone a beber éste desaparece. Las cosas sin Yeliel eran insulsas, vacías, monótonas, grises.....ella había llenado su vida de esperanza, de risas y de amor. Se había hecho adicto a eso, no podía vivir sin ella.
La segunda semana dio paso a la tercera, la tercera a la cuarta y a esta le siguió una quinta.
Raúl apenas comía ni dormía, en el trascurso de esas semanas perdió varios kilos, a decir verdad no hacía otra cosa más que pensar en Yeliel y rezar; oraba con humildad en algunas ocasiones, con exaltación otras veces y últimamente gritaba y exigía que Yeliel apareciera.
Su desesperación dio paso a la furia. Ella le había engañado, más que un alma pura era un engendro, un monstruo sin corazón que se había divertido a su costa y que ahora lo dejaba hecho un guiñapo.
- ¡¡Maldita seas!! ¡¡Vuelve!! No seas cobarde.....- Raúl gritaba con la cabeza levantada hacia las estrellas mientras Rochel a su lado sentía su miedo y su desesperación sintiéndose impotente para ayudarlo -. ¡¡Te odio Yeliel!! ¡¡Te odio!!
Cuando habían transcurrido siete semanas desde que ella se marchara decidió tratar de olvidarla, no iba a darle el gusto de mostrarle lo que había hecho con su vida. Se repondría, volvería a salir y conocería a otras mujeres......aunque ninguna sería como ella.
- ¡¡Vaya una forma de animarte a ti mismo macho!! – el sarcasmo acudía en su ayuda cada vez con más frecuencia, pero sus aires de gallito no lograban ocultar del todo el gran sufrimiento que horadaba su alma y la enorme melancolía que se había apoderado de él al ver que Yeliel parecía no tener ninguna intención de volver a su lado.

Algunas noches se despertaba con su nombre en los labios y el fuego que ella lograba encender en su interior con solo una mirada quemándole en las venas. Entonces recordaba que había soñado con ella, con que volvía a tenerla a su lado, y entonces lamentaba haber despertado y rogaba volver a dormir con la esperanza de encontrarla aunque sólo fuese en sus sueños.

Yeliel había escuchado la voz de Él. Él comprendía y aceptaba, pues nunca se inmiscuía en el libre albedrío de sus criaturas, pero le habló de las posibles consecuencias y aunque Yeliel las había desconocido no las temía. Las almas puras que decidían vivir una vida entre humanos y como humanos alcanzaban muy pocas veces la dicha que anhelaban pues la maldad del mundo, las mezquindades, los sufrimientos y el alejamiento de la pureza en la que habían estado inmersos siempre los hacía sufrir inmensamente y no era inusual que acabaran languideciendo y muriendo de pena y melancolía. Yeliel debía tomar su decisión conociendo todas las posibilidades y por ello debía pasar un tiempo de reflexión, sopesando cuidadosamente su elección pues esta sería irrevocable.
Yeliel, un alma pura, a pesar de la angustia que sintió al pensar en Raúl que la esperaba hizo lo que debía. Ni se le pasó por la cabeza no atender las amorosas condiciones que Él imponía. Pero el tiempo no se computaba igual y por ello, en su meditación y soledad, Yeliel fue inconsciente del paso del mismo mientras mentalmente asumía la nueva condición que deseaba y se despedía de todos a los que amaba.

La voluntad de continuar con su vida como si Yeliel nunca hubiese pasado por ella le duró muy poco tiempo a Raúl. No encontraba ningún sentido al monótono trascurrir de días en el que se había convertido su existencia, la ausencia de sus besos y caricias lo tenían famélico, desesperaba por volver a experimentar la dicha que sólo había alcanzado estando con Yeliel, pero sobre todo ansiaba reprocharle sus mentiras y su abandono. Sus sentimientos fluctuaban entre el amor, que a su pesar experimentaba hacia ella y el odio por el dolor tan grande en el que su ausencia lo había sumido.
No podía seguir así.

Dos días más tarde encontró la solución. Era desesperada, absurda tal vez, injusta para sus seres queridos, pero era la única que tenía.
De pie sobre la roca donde le hiciera el amor por primera vez Raúl intentaba armarse de valor para hacer lo que había decidido. No quería lanzarse al vacío para acabar así con sus sufrimientos, no, aunque la idea era tentadora. Su intención era despojarse de su cuerpo para poder buscarla siendo un alma como ella...aunque sabía de sobra que él estaba bastante alejado de ser un alma pura, "y ella también" pensó con resentimiento.
Rochel a su lado experimentaba el miedo más grande que jamás había sentido mientras custodiaba a un humano. Había asistido a la desesperación y el dolor de Raúl sabiendo que acabaría dañándose, pero nunca imaginó hasta qué punto. No había nadie en los alrededores a quien pudiese manipular para que apareciese en ese momento, no sabía cómo impedir que Raúl cometiese semejante locura pues éste no sentiría ni su voz ni su contacto y la furia que experimentaba lo volvía sordo y ciego a sus sutiles señales. Sólo tenía una esperanza: llamar a Yeliel. Esperaba tener tiempo.

Yeliel lo tenía claro, había tratado de preparar su alma para el dolor que sin duda sentiría siendo humana, sabía que no volvería a ver a sus compañeros ni a escuchar la voz de Él hasta que pasara muchísimo tiempo....pero también sabía que todo el sacrificio merecería la pena si el premio era Raúl. Lo amaba, con toda su alma, con toda la fuerza de la que un ángel es capaz de amar. Volvería a él y jamás miraría atrás.
- ¡¡¡Yeliel!! ¡¡¡Yeliel!!
Miró sorprendida, a su lado estaba Rochel, alterado y asustado. Supo que algo le pasaba a Raúl, no hicieron falta las palabras.
Yeliel no sabía si su periodo de meditación había finalizado ya, Él no le había comunicado nada pero....Raúl estaba en peligro.
- ¿Dónde?
- En el acantilado.....
Dudó un poco más, mirando el amado halo de Rochel, que vería por última vez.
- Ve.
La voz de Él la sacó de su ensimismamiento.

Raúl cerró los ojos con fuerza.
- Te encontraré, engendro, y entonces haré de tu eternidad un infierno....
- ¡¡Raúl!! ¡¡No!!
Raúl relajó todos los músculos de su cuerpo, que tenía en tensión y se volvió hacia la voz de Yeliel; por unos breves momentos el placer de volver a verla inundó su alma y al darse cuenta de que estaba a punto de sonreír trató de controlarse y recordó toda la furia que lo había llevado hasta allí. Acercándose a ella la señaló con un dedo a la vez que le gritaba:
- ¡¡Eres una mentirosa!! ¡¡No sé cómo pude confiar en ti!!
- Raúl, escúchame....- deseaba lanzarse a sus brazos, besarlo, decirle que todo estaba bien, que ella ya no se marcharía. Pero él no la dejó hablar.
- ¡¡No te quiero a mi lado!! ¡¡Sólo deseo que sepas cuánto te odio!!
Ella lo miró a los ojos, él enmudeció de repente.....¡¡¡la amaba!!! ¡¡Dios mío, cuánto la amaba!! La mirada de ella, tranquila y llena de dulzura logró tranquilizarlo lo suficiente para preguntar en un tono de voz más normal:
- ¿Por qué has tardado tanto?
- Ya te dije que el tiempo no es igual allí. Debía reflexionar, meditar bien mi decisión....
- ¿Y? – ni siquiera cuando estuvo a punto de saltar ese acantilado había experimentado tanto miedo como el que sentía esperando la decisión de Yeliel.
- Y aquí estoy Raúl, me quedo contigo. Tú eres todo lo que deseo.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Gracias!
Raúl la abrazó y la besó con el ansia feroz que había guardado en su alma durante su ausencia.
- ¡¡Júrame que nunca te separarás de mí!! ¡¡Júralo!! – murmuró contra sus labios, besándola como un loco.
- Lo juro Raúl.

Rochel los miraba complacido. Echaría mucho de menos a Yeliel pero sabía que ese era su destino: había encontrado a su alma gemela.

FIN

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